Después de un verano de trabajo mi novia y yo decidimos irnos en Marzo al sur de Chile de mochileros, cruzando por el valle del Río Puelo a Argentina.
No teníamos mucha información sobre la travesía que queríamos realizar, solo sabíamos que el camino llegaba a cierto punto y de ahí eran unos 50 Km. de trekking hasta el Parque Nacional Lago Puelo en Argentina.

Haciendo planes en Parque Nacional Vicente Pérez Rosales Chile
Al bajarnos del bus en Puerto Varas visitamos oficinas de información turística para saber más, pero nadie nos pudo ayudar mucho, incluso algunos nos dijeron que era mucho mas difícil de lo que pensábamos. Nuestra única solución era ir hasta el pueblo de Cochamó y de ahí analizar nuestras opciones. Partimos al Parque Nacional Vicente Pérez Rosales al este de Puerto Varas y nos instalamos para acampar la primera noche. El día estaba maravilloso, después de recorrer el lugar y un rico asado a leña nos pusimos en campaña para decidir qué hacer. Levantamos el campamento y partimos con la convicción de llegar lo más lejos posible aunque no fuese posible cruzar la frontera. Una de las mejores cosas del sur es la posibilidad de hacer “dedo” o “auto-stop” tranquilamente y compartir con los locales. Después de cinco vehículos distintos (autos, camiones, camionetas, etc..) finalmente llegamos a la desembocadura del impresionante río Puelo.

El Lago Azul
Su color verde y belleza natural nos hizo sentir que íbamos en el camino correcto. Pasamos una noche tranquila, acampando al borde del río y nos levantamos temprano, había que llegar al lago Tagua-Tagua a unos 20km de ahí a tomar una barcaza valle adentro. Primero caminamos al pueblo de Puelo (a 6km, lado chileno) a abastecernos y de ahí tomar un bus que nos dejaba en la barcaza. En el encantador pueblo, muy pequeño y verde, conversamos con varios lugareños y aclaramos nuestras dudas. Era mucho más simple de lo que pensábamos y era un viaje muy común, tanto entre turistas como lugareños. Más tranquilos, tomamos unos mates en la calle esperando el bus, este no llegaba nunca, venía muy atrasado y nos comenzamos a inquietar porque después no había forma de irnos. Pero todos los lugareños estaban tranquilos, nos dijeron que la barcaza espera al bus.
Finalmente arriba de la barcaza disfrutamos del increíble paisaje y al otro lado nos subimos en el único bus que hay que va hasta el final del camino. Nosotros queríamos ir al lago Azul, pero se necesita cruzarlo para alojar en la ribera este que tiene playa. Justo en el bus iba la señora Titi que vivía en el lago y su marido nos cruzó en bote. El lago era de un increíble color azul, realmente transparente! Llegamos a la casa de los Gallardo, los únicos habitantes de esta parte del lago, quienes nos indicaron que podíamos acampar donde quisiéramos al borde del lago. Pusimos la carpa en uno de los lugares más paradisíacos que conozco, con atardecer espectacular incluido. Al día siguiente nos tocó un día maravilloso y decidimos ir a conversar con los Gallado.

Rio Puelo
Nos convidaron unas ricas “sopaipillas” (tortas fritas) con unos mates para planear nuestros pasos a seguir. La dueña de casa con su radio nos averiguó todo lo que necesitábamos. Nos dijo: “mañana ya están en Argentina”. Nosotros quedamos muy sorprendidos! ¿Como tan rápido? Y así fue, alojamos en la casa de ellos con cena incluida y nos levantamos de madrugada para caminar unos 40 minutos al lago Las Rocas. De ahí un bote nos cruzó hasta el control fronterizo en el Lago Interior. Ya para las 9 a.m. ya estábamos arriba de otro bote que nos estaba esperando para llevarnos al lado Argentino.
Una vez en territorio trasandino decidimos seguir viajando ya que nos sobraba mucho tiempo. Averiguamos y después de un sándwich de milanesa con una Isenbeck partimos al pueblo de Lago Pueblo (15km al sur de El Bolsón) para abastecernos y tomar un bus al Parque Nacional Los Alerces, cerca de Esquel. Mi novia que es Argentina, ya conocía el parque y fuimos directo al río Arrayanes. Acampamos solos en su ribera con vista a su increíble verde contrastado con el canela de los arrayanes dentro del agua. Era miércoles, no había guarda parques en la zona y necesitábamos una parrilla. Después de recorrer los distintos sitos no encontramos nada y comenzamos a barajar alternativas.

Embarcados hacia El Bolson
Mi novia encontró un poco de alambre tirado cerca de la casa del guarda parque y con dos cañas de coligue fabriqué una parrilla artesanal que hizo el más rico asado a leña. El parque es espectacular y merece una estadía más larga de la que le dimos pues había que volver a Santiago! El bus sólo pasa los miércoles y sábados en temporada baja, así que no nos quedó otra que “hacer dedo” por un ruta casi sin tránsito. Nos levantamos con bajas expectativas de conseguir alguien que nos lleve a algún lugar que sirva, pero lo intentamos igualmente, bajo un frío tremendo. ¡No pasaron ni 5 minutos y paró una enorme camioneta! Era el dueño de un Lodge de pesca en el Lago Rivadavia al norte del parque que amablemente nos llevó hasta el terminal de buses de Esquel. Nos subimos a un bus hasta El Bolsón, un lugar bellísimo sin el bullicio de Bariloche y con mucha más onda del sur. Terminamos nuestro viaje en casa de familiares de mi novia en San Martín de los Andes para volver a Santiago…
Extraído del Blog de Yuri en viajeros.com |